En la jungla

En la jungla

Desgraciadamente el hombre se ha ido apropiando de los espacios que eran dominados por los animales. De todos ellos, sin lugar a dudas el más afectado es el ecosistema que comprende las junglas.

Por fortuna, todavía quedan algunos sitios en los que ocurren situaciones como la siguiente obra de teatro.

Una calurosa noche, el tigre Miguel (a quien todos sus camaradas llamaban “Mike”), estaba paseando tranquilamente por entre los árboles cuando alcanzó a oír un llanto desesperado.

Buscó por todos lados sin poder encontrar de donde provenían tales sonidos. Fue entonces cuando tomó la determinación de lanzar una pregunta al aire: ¿Quién está llorando?

– Soy yo. Dijo alguien de voz muy finita.

Mike – ¿En dónde estás?

– Bajo su mentón señor tigre.

Mike – ¡Rayos! Sabía que no debía volver a comer carne de venado en salsa de pera, esa combinación siempre me hace tener alucinaciones.

– Voltee hacia abajo por favor.

Mike hizo caso a las indicaciones de la llorosa vocecita y de ese modo pudo ver que se trataba de un pequeñísimo ratón de color blanco.

– Mi nombre es Quique.

Obra de teatro selva

Mike – ¿Qué te ocurre Quique, porque lloras?

Quique – Hace más de tres días que no pruebo bocado. Tengo mucha hambre.

Mike – ¿Tres días? Disculpa la intromisión pero puedo preguntarte ¿cuál es la razón por la cual no hayas comido en tanto tiempo?

Quique – Nos fuimos a huelga en la empresa. El sindicato está negociando mejores condiciones laborales.

Mike – ¿Sindicato?, ¿Huelga? Yo que creía que las únicas organizadas eran las hormigas.

Quique – Si mire, lo que sucede es que nosotros nos dedicamos a espantar elefantes. Algunos compañeros hasta utilizan camuflaje, para tratar de intimidar a esos paquidermos. Yo en lo particular, prefiero el método tradicional. Ya sabe, pararse enfrente del objetivo y empezar a agitar los brazos y piernas lo más rápido posible hasta que salgan corriendo.

El problema es que los elefantes ahora traen equipos de rastreo con tecnología GPS, lo que hace que nos ubiquen fácilmente y puedan estar preparados contra nuestras irrupciones.

Mike – Definitivamente estoy muy atrasado en materia tecnológica. Lo más moderno que recuerdo es el servicio a domicilio vía telefónica. No te preocupes amigo, te puedo prestar unas monedas para que compres semillas. Cuando puedas me las devuelves.

Quique – Muchas gracias, pero no puedo aceptarlo, pues no sé cuándo es que volveré a la compañía.

Mike – Bueno, si no quieres es tu decisión, pero estarás de acuerdo en acompañarme hoy a cenar ¿no?

Tigre

Quique – ¿Pero un tigre y un ratón en la misma mesa? Eso no se acostumbra en la jungla.

Mike – Que no te preocupe el qué dirán. Además tu eres mi invitado y todos respetan a Miguel Rayas Jr.

Quique – ¡No lo puedo creer, su papá fue hace dos meses a la compañía a impartir una plática sobre defensa personal! El señor Rayas es una leyenda, salúdemelo por favor cuando lo vea.

Mike – Por supuesto Quique, mañana por la mañana le doy tus saludos. Es más, si quieres te lo puedo presentar.

Quique – Eso sería fantástico. Muchas gracias don Miguel.

Mike – Quique, no seas tan formal. Por favor llámame “Mike”, como lo hacen todos mis amigos, ya que ahora perteneces a ese selecto grupo. ¡Vamos a cenar!

Diciendo esa frase, los dos fueron en dirección de uno de los restaurantes más afamados de aquella jungla.

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